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lunes, 2 de noviembre de 2009

DATZIBAO





Por Enrique Verástegui

De pronto perdí todo contacto contigo.

Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu
      casa que no conocí.

Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde
      estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados
      de ir caminando con la mente y las manos repletas de
      yerba.

Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno
      detrás del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que
      conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en
      tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas
      preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las  personas nacidas
antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del
      tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras
      más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.

Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada
      empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.

tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor
      antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida
      en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es
      una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en
      medio de un viento furioso que pugna por arrancar de
      raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo
      de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en
      mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra
      todo.

Cada uno recuerda su primera caída.

Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los
      que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí - y me tengo miedo.

Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos sal-
      vajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que
     eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.

La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reven-
     tando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta
     ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.

Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura don-
     de jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente
     pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las
     cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras.

yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el
     rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y
     porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.

(De En los Extramuros del Mundo)
 

Ver datos sobre el autor  y otros poemas del mismo en:
Poemas de Enrique Verastegui
 




 
Foto: "Sitio en mi recuerdo" / Restaurant 1830, La Habana / RCBáez
 

martes, 6 de octubre de 2009

PAZ, AMOR Y LIBERTAD

Un amigo peruano me ha enviado este hermoso poema y le pedí compartirlo con ustedes:


En memoria de Mercedes Sosa, símbolo de la mujer latinoamericana, ella no ha partido, seguirá siendo la misma si no la olvidamos.



Hasta siempre


Ing. Marco Tulio Tapia Sánchez


PAZ, AMOR Y LIBERTAD

                                                        A MERCEDES SOSA... IN MEMORIAN


¿Cuantos segundos hace que con amor te recuerde?,
te decían negra; pero tú eres chola,
blanca, china, indígena, tu eres... América.

Tus raíces profundas en el calor del pueblo,
de cantar pausado, de mirar profundo,
¿Quién no te recuerda?, porque tú eres,
Paz, Amor... y Libertad

¿Cuantos minutos hace que el dolor
del corazón herido, desaparezca?,
al escucharte con la paz nuestra, el leve quejido,
o el fuerte rugir de un canto nuevo,
que elevas nuestra condición humana,
con tu folclore popular, levantas la misión de dar,
justicia, vida... y paz

¿Cuántas horas hace, que duren ver reír a un niño?,escuchando tu voz de nueva trova,
tú compromiso juvenil, de adolecente, también de aquella
mujer que voz y poncho levantaban vuelo,
buscando un nuevo amanecer, tender tu mano,
proponiendo: unión, calor... y amor.

¿Cuántos siglos hace, cuando en mis noches de tristeza te escuchaba?,
noches oscuras, trago amargo, el sabor de la saliva que a su paso, requemaba.

Gracias a la vida por haber iluminado,
el camino de regreso con tu profundo mensaje,
de paz, fragor y anhelo para no olvidar,
y enraizar la convicción que siempre fuiste,
coraje, lucha…..…. y libertad.

 Hasta siempre


Ing. Marco Tulio Tapia Sánchez ingmarcotulio@hotmail.com

Chiclayo – Perú

                Puedes escribir a Marco y darle tu opinión sobre su poema

miércoles, 10 de junio de 2009

Fuego del cadalso a ojos vacuos de amburana cearensis

La autora de este poema nos lo entrega como homenaje a los caídos -indígenas awajun y wampis- en la localidad de Baguas, puente de Corral Quemado, Perú:


Fuego del cadalso a ojos vacuos de amburana cearensis

Soy...
moud,
muud,
hammaca...
hamaaaaaaaaaaaaaaca…
…amburana cearensis
hija y madre,
padre y abuelo
de
loros machacos
pumas,
águilas,
jaguares
y caimanes
deslizándose dócilmente
en anatomías de cuerpos
tupidos de pigmento en arco iris
de aire puro
en simbiosis.
Soy
fuego
y sombra
si tú lo quieres
hamaca,
cruz,
cadalso
o portal de luz
bebida de
calma
de guerra
y látigo de
fuego
hielo
tibio
y candente.

Soy...
esencia
de tu vida
de tu muerte,
de tus ojos
que hoy son
gruesas
gotas de ríos
en raudas caídas
de plata
o diamantes ocultos
en tupidas selvas vírgenes,
y tú vienes
mezquino
y resumes
mi cuerpo
a páginas antiguas
de alcobas
de alelí
orquídeas
o
nauseabundos olores
repleto de alcoholes
en tanto
oigo el canto
de mis tristes aves
que a mi puerto arriban
dibujando sonrisas
hecho sólo ecos
que a tu razón
le son
nada o poco;
indiferentes.
Soy la Madre Diosa del Mundo,
soy...
esfinge elemental
ritual de imágenes
Iaooooo,
iaaaaaoooooo…
alma primordial,
soy del viento la cumbre
y de la mar sus profundas aguas.

Hoy...
te miro desde aquí,
desde mi elaborada sabia
en súmmun de raíces
fundidas en tierras profundas
entre ronsocos,
jabalíes,
shapajas
setas rojas
añujes,
manatíes
que en danza triunfal
pipean
el humo del toé
pero,
eso soy si lo quieres
y
acaso no…
tus manos
tus garras
pezuñas
tu cuerpo
y mente
tu magma
y etérica esencia
pero,
no olvides…
que mientras
en tu altar
Sueñas
espejos mágicos
no habrá mañanas.
Soy tu esencia
tu alimento
tu pútrido vientre
o tu límpido fin
hecho sonajas,
tu génesis,
tu alfa y omega
Tu averno o ciénagas.

Soy…
eso soy
y mucho más
un árbol (sombra)
hecho cenizas
de perdidas semillas
que arrastran cadenas
desde ayer
hoy
y
siempre.
¡Eso soy…, si tu lo quieres, sólo sombras y muerte!
Gloria Dávila Espinoza (Huanuco, 1961) ha publicado Redobles de Kesh. Estudió Lengua y Literatura en las Universidades Hermilio Valdizán (Huánuco) y Los Ángeles (Chimbote).

domingo, 1 de febrero de 2009

Raul Heraud, poeta peruano

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lunes, 16 de junio de 2008

A MI PADRE LO VEO..., de Winston Orrillo

Un poema de mi hermano de luchas Winston Orrillo, que me apropio para dedicar a mi padre por el dia de todos los padres; en la foto, mi padre vela el juego de mi hijo:

A MI PADRE LO VEO..
.

A mi padre lo veo entre el escombro
de tanta y tanta vida cicatera.
Su rostro ya no tiene los arcanos
que alguna vez mis ojos columbraran.

Todo se está volviendo más sencillo:
este claro lenguaje de mi origen
y la risa rosada de mi madre.

Tantas casas y voces y penumbras
¡y la misma distancia nos abruma!

Nunca pude acercarme a quien me diera
con sus brazos antiguos el encargo
de vivir estas horas, este día.

¡Qué lejos estuvimos -y apretados-
en la misma morada, padre mío!
Tú en las brasas ariscas de un oficio
que, fulmíneo, tenaz, te cercenaba;
y el poeta, imantado, mientras tanto,
sí, tan lejos del viento que te hería.

Alguna vez, a veces, conversamos:
ya no recuerdo, padre, en qué dialecto.
¡Nuestras voces, jamás, zarparon junto
bajo el agrio sistema de los lobos!
Sin embargo, de lejos, yo atisbaba
que mis pasos, contigo, discurrían.

¡Cuántas veces viví lo que viviste:
desempeñé tu oficio y tus caídas!
Yo sentía que el viento me llevaba
a tu intacto rincón reconocido.

Esta voz, esta frente, estos agravios,
eran tuyos, totales, sin ambages.

El espejo del alba y sus barajas
devolvía a mis ojos tu semblante:
tus carencias que entonces comprendía
anudadas a mí, sin duda alguna.

Por todo lo que entonces no dijimos
hoy comienzo a solfear de esta manera.

WINSTON ORRILLO
Lima, 1968
Del libro "Orden del día", publicado en la Editorial Losada, de Buenos Aires, en 1968.

martes, 10 de junio de 2008

Alguien me habló de Heraud…, de Rosa C. Báez

Simplemente, alguien mencionaba hoy al joven poeta peruano Javier Heraud, que junto a otro peruano, Alejandro Romualdo, al mexicano Efraín Huerta y al ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, me ayudaron, en una triste etapa de amores desdeñados, a sobrevivir -de mano de sus versos-, a hacerme mejor persona, a crecer como ser humano y a afiliarme, decidida y definitivamente, a las huestes de la poesía y la utopía... años en que otro poeta, que en vez de declamar cantaba, me amarro definitivamente a la América Latina...

Hoy, alguien muy querido para mi mencionó a Heraud y retomé un pequeño cuaderno de la colección La Honda, de la siempre genial Casa de las Américas... cuadernos que han anclado en mi alma y me he negado a abandonar en medio de debacles, de tsunamis sentimentales o de acuciantes necesidades del bolsillo... y releí -rápidamente, de salto en salto de verso subrayado- los poemas de Javier Heraud... y me salió del alma esto que ahora les entrego...
Gracias, Perú, que no sólo me viste transitar -quién sabe en qué siglo- por Machu Picchu, si no que me regalaste hijos, hermanos, y tus poetas que se han grabado en mi corazón más fuertemente que las líneas de Nazca.

oo00oo

Alguien me habló de Heraud…

Hay libros que no deben abrirse
por que es como abrir una llaga en el costado.

Hay libros a los que uno regresa
y te atrapan
y te llevan
a aquel exacto instante en que,
por vez primera,
subrayaste algunos versos
que sentías como tuyos.

Hay libros, hay poetas, hay poemas…

¿Acaso no fui yo la que escribí
tempranamente,
hace hoy solamente 30 años,
"uno está siempre
compuesto
de un trozo de muerte y de
camino
y uno siempre es río,
o canto,
o lágrima cubierta
"

Alguien me hablaba hoy
de alguien sencillo,
de un poeta que cumplió su sino
-siempre se mueren jóvenes
los ángeles poetas-

Un joven que vivió y murió,
pero entre trino y trino
luchó e hizo poemas,
y amo a Cuba
como Cuba lo amó.

Alguien que conocí
en un pequeño libro
y en las tardes tristes de
un agosto de 1977
vivió conmigo,
durmió conmigo
secó mis lágrimas.

Las mismas lágrimas que hoy derramo
por el recuerdo de aquellas tardes
          y por que ahora sé
          qué es morir por la Patria
          y por la vida.

Gracias, Javier Heraud
que no tuviste miedo de morir
entre pájaros y árboles.